Historias populares

La ciclogénesis explosiva.

Foto @enquemomento

Hola de nuevo.
Me hubiera encantado haber escrito más a menudo, pero realmente no me ha apetecido, y sería absurdo hacerlo por obligación, creé éste rincón con un halo de apetencia y no de obligación y remordimiento.
Con éste tiempo desapacible, en el que los paraguas yacen en las papeleras, y la vida es eso que pasa mientras sacas el tendal al balcón y lo vuelves a meter, me he acordado de que sobreviví a la primera ciclogénesis explosiva de este país (vamos, el temporal de toda la vida, que en ese momento pasó a llamarse así). Es una historia que he contado mucho, así de viva voz, pero merece ser reflejada aquí.

Comenzamos.

Yo iba de peregriiiiina y me cogiste de la….bueno que no, que yo iba en un Alsa de Oviedo a León, habían avisado del temporal, pero cómo a mí me gusta el riesgo me hice el viaje sin plantearme más, bueno, y porqué tenía una clase que había pagado, y la pela es la pela. Pasó toda la mañana sin rastro del temporal, es más, un solazo que no lo han visto en Asturias en años. Yo, que soy así de coña fácil y de mucha ironía, me pasé un rato metiéndome con la Aemet y demás compañía, hasta que el Karma me lo devolvió.

Ya en el bus, y a unos 15 km de Oviedo comenzó a llover, MUCHO, así sin control. En dos minutos más o menos empezó un aire que nos llevaba de lado a lado de la autopista, hablamos de una autopista de alta montaña. Me empecé a poner muy nerviosa, y decidí llamar a mi madre, puesto que realmente pensé que íbamos a ir a tomar por c*** y que yo no lo contaba. Mi madre contesta, y le cuento que estoy en mitad de la ciclogénesis y que la situación está complicada, una de las tapaderas que había en el suelo del bus, se levantaba con el aire y yo desde mi asiento veía directamente la carretera. Ante éste panorama, mi madre me dice que en Mansilla City naaaaada de nada, que se está tomando un cafetín con una magdalenina, y que hasta luego Maricarmen ( mi madre nos educó en una autonomía pasmosa). Imaginaos mi cara, mis tripas y mi cuerpo en general. La compi que llevaba al lado, me dice, “yo llamo a mi madre, le digo eso y viene a buscarme en helicóptero” (hay personas muy oportunas en sus comentarios, yo suelo ser una de ellas y por eso no se lo tuve muy en cuenta).

El panorama no mejoraba kilómetros después y continuábamos circulando, pero recibo una llamada de mi madre (ayyy, se ha dado cuenta la mujer del peligJAJJAJAJAJJAJA). Mi madre, relamiéndose de su magdalenina me dice, que al llegar a León pase por el Mercadona a comprar unos solomilitos de pollo (aquí dudo siempre si eran muslitos, solomilitos o qué) y no sé qué más, que resulta que había llamado mi hermano, que venía a cenar y la mujer tenía poca cena. De preguntarme qué tal ya si eso otro día. OJIPLATICA cuelgo. Llego a León y ya en el Mercadona, desorientada y con los nervios en el estomago hago la compra, llego a casa, expongo la situación y todavía dice mi madre que cómo me pongo, (mi madre siempre ha sido muy de no preocuparse y más de ocuparse), y que si pasa algo ya llamarán. En su defensa diré, que después pidió perdón al ver que yo estaba nerviosísima y más blanca de lo habitual. Hay que quererla así.
Hale, hasta aquí, mi supervivencia frente a la primera ciclogénesis explosiva.
Un besito a mi madre.

Un abrazo.

Cárol.

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3 comentarios sobre “La ciclogénesis explosiva.

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